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lunes, 4 de agosto de 2008

Era muy niña y el miedo a los registros me paralizaba

Mi papá tuvo que trabajar con el estado para que no le aplicaran las Ley del Vago, pero su espíritu de trabajo y de buscarse la vida de forma independiente nunca se lo pudieron apagar. Finales del 60 y principios del 70 trabajó escondido, en el cuarto de desahogo preparo su pequeño taller, y encerrado hermético se cerraba a hacer sus trabajos de artesanía con la madera, de los muebles que hacían antes de la intervención, cambió su producción a objetos pequeños que pudieran trabajar en aquel cuarto de no más de 3x3 metros, adornos para el pelo, joyeros, adornos de casa, cualquier cosa que se le ocurriera.
Todos los objetos se producían con residuos de madera, comprar madera obviamente era prohibido, aunque el árbol se hubiera caído solo y se estuviera pudriendo en el piso. Las herramientas que usaba mi papá eran algunas de mano que habían logrado rescatar de la intervención, o sea, habían logrado esconder algunas para que el gobierno no las ocupara, se robaron ellos mismos, ¡que atroz¡.
La rutina diaria de mi papá era fuerte, salía para su trabajo todos los días a las 5:30 am, volvía a las 6:30 de la tarde y se cerraba a trabajar escondido hasta las 12 de la noche, después el problema era lograr vender aquello también de forma oculta cuidando no se fuera a enterar ningún chivato del comité, cuando terminaba de trabajar tenía que quedar todo recogido por si acaso metían un registro.
Siempre viví con mucho miedo a los registros, además nunca entendí la causa por la cual nos podían registrar, es un miedo sin explicación razonable, ese es el peor miedo porque no tienes como acotarlo y controlarlo, tampoco se cual era la lógica porque no siempre había denuncia, según mi papá decía eran abatidas. Esta escena la viví muchas veces, llegaba corriendo mi papá y le decía a mi mamá -vieja, registraron a fulanito-, y qué le pasó decía mi mamá, le quitaron todas ls herramientas y ahora tiene juicio, eso es por trabajar en su casa. Inmediatamente todos comenzábamos a revisar y guardar todo tipo de vestigio de que mi papá trabajaba en la casa, había escondites preparados hasta para el dinero, si te encontraban más dinero de lo que debías tener también eso era razón de dudas, después las indicaciones eran claras, aún cuando tenia 6 años, - no has visto nada, no sabes nada y aquí no se hace nada - , que tortura, me tocó vivirla dos veces, vi registrar mi casa con maldad y alevosía, las personas que lo hacían disfrutaban el hecho de vernos humillados y temblorosos, estaban felices, al fin aplastaban la burguesía, justo había llegado el gobierno que les había dado el poder que sus méritos no podían alcanzar, al fin eran superiores en algo. No importaba que yo estuviera delante, al final era un pichón de burgués.
Puede que sea incomprensible para el que no haya vivido en Cuba en esos años, ciertamente el gobierno vivió un frenesí casi demencial de perseguir todo tipo de negocio "privado" que pudiera representar que las personas recibieran un peso más de lo que el estado decide pagarles por su trabajo, había que igualarlos a todos, pero hacia abajo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué espanto! Parece de película, pero de terror.

Julio dijo...

Un comentario dice que parece película de terror...
Los cubanos hemos vivido un serial de terror que ya dura 50 años...
Con épocas más duras, otras más relajadas, pero siempre en e filo de la navaja.
A veces me pregunto si los culpables somos nosotros mismos...
Por qué la gente lo aguanta?
Por qué la gente coopera voluntariamente?
No es factible hacer lo que hicimos muchos: NO HACER NADA..? En todo caso es mejor que ayudar al sistema...
Ya no entiendo mucho, después de 15 años fuera de la isla uno empieza a perder las proporciones y las opiniones pueden perder objetividad, tampoco quisiera ser injusto.

Bien Anita!!!