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jueves, 4 de septiembre de 2008

La navidad decadente

En mi casa siempre se las arreglaron para mantener vivos el espíritu de la navidad y los reyes magos, una cena especial, todos juntos en familia, el arbolito improvisado con un pino y los reyes magos de mi abuela no faltaban.
Después se hacían las mismas historias, de como eran las navidades antes, de lo que se comía y las añoradas costumbres y tradiciones que se llevaban por esos días.
En una caja dentro del viejo escaparate de 3 puertas de mi abuela, en la puerta del medio, la que tenía el espejo, estaba lo que quedaba de la navidad, una guirnalda de luces en forma de velas que prendían una si y tres no hasta que dejó de funcionar completo, una preciosa granjita de animales, la vaca estaba medio coja y al perro le faltaba la cola, igual me encantaban, el pesebre, y lo mejor de todo tres figuras grandes que se paraban al lado del árbol, eran Gaspar, Melchor y Baltazar, geniales.
Cada año con mi abuela hacíamos un trabajo de mantenimiento de todas las piezas, el tiempo era implacable y las ropas se deterioraban, Gaspar tenía tiña en la barba porque se le caía a trozos, con algodón se la armábamos con mucha delicadeza, la nariz se empeñaba en perder la punta y el almidón de yuca se la rescataba. Nunca supe si la capa de Melchor fue morada, roja o color mostaza con churre, no se podía lavar, apenas había que soplarla. Baltazar no corría mejor suerte, su deteriorada ropa y su languidez en el rostro se agudizaban año tras año.
Sin embargo el alma la tenían intacta, y a pesar de su vejez y deterioro a mi me producían la misma alegría que hoy sienten mis hijas cuando arman su gigante árbol de navidad lleno de adornos que quieren cambiar todos los años porque les parecen viejos.
Mi abuela murió con la ilusión de que un día ella repondría todo esto, hacía un gran esfuerzo para explicarme como eran antes y estoy segura de que los armaba solo para mi, la magia funcionaba porque yo los veía como mi abuela los describía, nuevos y radiantes y con aura de luz alrededor de ellos.
La celebración de la navidad está en el ADN del pueblo latinoamericano, es un espíritu que se puede ocultar pero no apagar, la Navidad ha vuelto a ser parte de la vida de los cubanos y los árboles adornados vuelven a reinar en las casas de Cuba durante diciembre.

3 comentarios:

Diliviru dijo...

Hola Ana: Bonito Post, lo cuentas con tanto detalle que hasta me imagine que estaba ahi. Impresionantes tus relatos. Felicidades

Diana V.

Anónimo dijo...

¡Qué daría yo por volver a tener las figuras del belén de mis abuelos!

Julio dijo...

En mi casa fueron más cautos... o menos valientes. Nunca se habló de navidad, me contaban algo acerca de la "nochebuena", pero crecí en el ateísmo, a pesar de que estaba convencido que mi abuela y mi madre eran creyentes... En resumen, nunca he tenido la emoción de la navidad y menos la fe.
En ese punto reconozco que el sistema me ganó la pelea.